Jornada profesional “Cáncer como enfermedad metabólica” – 24 de Octubre en el Ilustre Colegio de Médicos de Madrid

Cómo los hábitos de vida pueden modificar el metabolismo del paciente con cáncer y mejorar la respuesta a los tratamientos

Durante décadas, el cáncer fue entendido principalmente como una enfermedad genética. Sin embargo, la investigación actual muestra que también es una enfermedad profundamente influenciada por el metabolismo, la inflamación, el sistema inmunitario y el entorno celular del paciente. Hoy sabemos que determinados hábitos de vida pueden modificar estos procesos biológicos y crear un terreno metabólico más favorable para responder a los tratamientos oncológicos.

La alimentación, el ejercicio físico, la gestión del estrés y la reducción de tóxicos ambientales no sustituyen a la quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia o cirugía. Pero sí pueden actuar como herramientas coadyuvantes capaces de mejorar la tolerancia a los tratamientos, modular la inflamación, fortalecer la función inmunitaria y optimizar el metabolismo celular. 

El cáncer y el metabolismo: una relación íntima

Las células tumorales presentan alteraciones metabólicas profundas. Muchas dependen de grandes cantidades de glucosa y nutrientes para crecer rápidamente, generan inflamación crónica y modifican el microambiente tumoral para escapar del sistema inmunitario.

La investigación en inmunometabolismo y oncología metabólica muestra que el entorno metabólico del paciente influye directamente en:

  • la progresión tumoral,
  • la inflamación sistémica,
  • la respuesta inmunitaria,
  • la toxicidad de los tratamientos,
  • y la capacidad del organismo para recuperarse. 

Por ello, cada vez más centros de oncología integrativa incorporan intervenciones sobre estilo de vida como parte del abordaje multidisciplinar del cáncer.

Alimentación: modular inflamación, microbiota y metabolismo tumoral

La nutrición es probablemente uno de los factores con mayor impacto sobre el metabolismo del paciente oncológico. Diversos estudios muestran que determinados patrones dietéticos pueden influir sobre:

  • la sensibilidad a tratamientos,
  • el estado inflamatorio,
  • la microbiota intestinal,
  • y la función inmunitaria. 

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) revisaron múltiples estudios preclínicos y clínicos concluyendo que ciertas intervenciones dietéticas tienen una “potente capacidad” para alterar el metabolismo tumoral y mejorar la respuesta terapéutica. 

¿Qué mecanismos biológicos están implicados?

1. Reducción de inflamación crónica

Dietas ricas en alimentos ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans favorecen un entorno proinflamatorio. En cambio, patrones alimentarios basados en verduras, frutas, fibra, legumbres, pescado azul y grasas saludables ayudan a disminuir marcadores inflamatorios relacionados con progresión tumoral.

2. Modulación de la microbiota intestinal

El microbioma intestinal influye directamente sobre el sistema inmunitario. Algunas bacterias intestinales favorecen respuestas inmunes más eficaces frente al tumor y parecen mejorar la eficacia de ciertas inmunoterapias. 

3. Flexibilidad metabólica

Algunas estrategias nutricionales —como restricción calórica controlada, ayuno intermitente supervisado o dietas cetogénicas específicas— están siendo estudiadas por su capacidad para generar “ventanas de vulnerabilidad metabólica” en determinados tumores. No obstante, estas intervenciones deben individualizarse y realizarse bajo supervisión profesional. 

Es importante subrayar que ninguna dieta “cura” el cáncer por sí sola. La evidencia científica respalda su papel como complemento del tratamiento médico convencional, no como sustituto. 

Ejercicio físico: una auténtica herramienta terapéutica

Uno de los avances más importantes de la oncología moderna es el reconocimiento del ejercicio físico como intervención terapéutica.

Actualmente existe evidencia sólida de que el ejercicio:

  • mejora la sensibilidad a tratamientos,
  • reduce fatiga y toxicidad,
  • preserva masa muscular,
  • disminuye inflamación,
  • y mejora supervivencia en algunos tipos de cáncer. 

El estudio CHALLENGE: el ejercicio mejora la supervivencia

En 2025, un ensayo presentado en la reunión anual de la American Society of Clinical Oncology mostró que pacientes con cáncer de colon que siguieron un programa estructurado de ejercicio aeróbico presentaron una reducción del 37% en el riesgo de muerte frente al grupo control. 

Los investigadores concluyeron que el ejercicio actúa como una verdadera “medicina” en oncología.

¿Cómo actúa el ejercicio sobre el tumor?

La evidencia mecanística indica que el ejercicio puede:

  • aumentar la actividad de células NK y linfocitos T citotóxicos,
  • mejorar la oxigenación tumoral,
  • disminuir resistencia a la insulina,
  • reducir inflamación sistémica,
  • y modular factores de crecimiento relacionados con proliferación tumoral. 

Algunos estudios experimentales han observado reducciones de hasta un 30% en masa tumoral asociadas al incremento de infiltración inmunitaria inducida por ejercicio. 

Además, mantener la masa muscular durante el tratamiento se asocia con mejor tolerancia a la quimioterapia y menor riesgo de complicaciones.

Estrés crónico: cuando el sistema nervioso altera el microambiente tumoral

El estrés psicológico sostenido tiene efectos biológicos profundos. El aumento persistente de cortisol y catecolaminas puede favorecer:

  • inflamación crónica,
  • inmunosupresión,
  • alteraciones metabólicas,
  • resistencia a tratamientos,
  • y peor recuperación. 

La psiconeuroinmunología ha demostrado que el sistema nervioso, endocrino e inmunitario están íntimamente conectados. El estrés no “provoca” cáncer de forma directa, pero sí puede influir en la progresión tumoral y en la calidad de vida del paciente.

Intervenciones con evidencia

Diversos estudios han mostrado beneficios de:

  • mindfulness,
  • meditación,
  • terapia psicológica,
  • respiración consciente,
  • yoga adaptado,
  • y apoyo psicosocial. 

Estas intervenciones pueden reducir ansiedad, mejorar sueño, disminuir inflamación y favorecer adherencia al tratamiento.

Tóxicos ambientales: el impacto silencioso sobre el metabolismo celular

La exposición crónica a contaminantes ambientales puede alterar procesos celulares relacionados con carcinogénesis, inflamación y disfunción metabólica.

Entre los tóxicos con mayor evidencia destacan:

  • pesticidas,
  • bisfenoles,
  • ftalatos,
  • contaminantes atmosféricos,
  • metales pesados,
  • humo del tabaco,
  • y disruptores endocrinos. 

Muchos de estos compuestos inducen:

  • estrés oxidativo,
  • daño mitocondrial,
  • inflamación crónica,
  • alteraciones hormonales,
  • y cambios epigenéticos relacionados con progresión tumoral.

Reducir la carga tóxica

Aunque no es posible eliminar completamente la exposición ambiental, sí pueden adoptarse medidas para disminuir la carga tóxica:

  • evitar tabaco y alcohol,
  • reducir consumo de ultraprocesados,
  • priorizar alimentos frescos,
  • minimizar plásticos en contacto con alimentos,
  • mejorar calidad del aire interior,
  • y limitar exposición a pesticidas y cosméticos con disruptores endocrinos.

Estas medidas ayudan a reducir inflamación sistémica y estrés oxidativo, dos elementos estrechamente relacionados con el metabolismo tumoral.

Hacia una oncología más integrativa y personalizada

La oncología moderna avanza hacia un modelo más integrativo, donde el paciente no es únicamente receptor de tratamientos farmacológicos, sino también protagonista activo de su proceso terapéutico.

La evidencia científica actual sugiere que intervenir sobre los hábitos de vida puede modificar el terreno biológico en el que evoluciona el cáncer:

  • optimizando el metabolismo,
  • fortaleciendo la respuesta inmunitaria,
  • disminuyendo inflamación,
  • y mejorando la capacidad del organismo para responder a los tratamientos. 

No se trata de elegir entre medicina convencional o hábitos saludables. La investigación apunta a que la mejor estrategia es integrar ambos enfoques de manera rigurosa, personalizada y basada en evidencia científica.

Referencias:

Nash DM, Terry LV, Febbraio MA. Exercising through cancer: Physical activity as medicine for cancer care. Cancer Cell. 2025 Nov 13:S1535-6108(25)00450-7. doi: 10.1016/j.ccell.2025.10.009.

Influencia de la dieta, ejercicio físico y mindfulness en supervivientes de cáncer de mama estadio iia-iib Julia Ruiz Vozmediano

Metabolismo, microambiente e inmunidad definen cómo se comporta el tumor Redacción Médica

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